Volvió a encontrarse con Evita siete años después, en una ceremonia oficial.
-No me reconoció-dijo Emilio-, o fingió que no me reconocía. Era otra. Parecía llena de luz. Parecía que en vez de un alma tuviera dos, o muchas. Pero la tristeza seguía rondándola. Cuando ella menos se daba cuenta, la tristeza le tocaba el hombro y le recordaba el pasado.
Santa Evita, Tomas Eloy Martinez